De "Zonas de Confort" y miedos al cambio

¡Hacer un cambio en tu vida, asusta! ¿Pero sabes que asusta más? ¡Lamentarte de no haberlo hecho!

Cada vez que veo como mi entorno enfoca los cambios, no me extraña nada encontrarme en la zona de  Andalucía con menor desarrollo económico de España.
Visto lo que veo, tiene toda lógica que no se vea ni un ápice de recuperación económica, de alegría social y de conciencia de los problemas reales que nos afectan.

Las personas tienen miedo a los cambios, yo tengo miedo a que las cosas no cambien (Chico Buarque).

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Cada vez que nos enfrentamos a un cambio, nos preocupamos y ponemos todos nuestros esfuerzos en enfrentarnos a él.
Lo negamos y empezamos a buscar todos los defectos que podemos y más, con el único afán de permanecer en el inmovilismo más absoluto.
En realidad, lo que deberíamos hacer es detectar sus ventajas y adaptarnos, a la par que estudiamos los defectos para mejorarlos y actuar, siempre con el afán de llegara una nueva posición más evolucionada.

Cada día me miro al espejo y me pregunto: “Si hoy fuera el último día de mi vida, ¿querría hacer lo que voy a hacer hoy?”. Si la respuesta es “no” durante demasiados días seguidos, sé que necesito cambiar algo (Steve Jobs).

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Pero, ¿por qué vemos un monstruo en el cambio?
El primer y gran problema es cultural. En mi vida, no he parado de oir estos consejos de padres a hijos:
– Estudia y busca un trabajo fijo.
– Tú lo que tienes que hacer es sacarte una oposición y vivir del estado.
– Cómprate una casita y con tu trabajo fijo ya lo tienes todo.
De "Zonas de Confort" y miedos al cambio
Estos mensajes nos llevan al inmovilismo y al conformismo. Los dos primeros lo hacen claramente. El último indirectamente, porque al comprar una casa e hipotecarte de por vida, te ves obligado a ser conformista para no perder tu puesto de trabajo, ese que te permite pagar esa hipoteca con la que te has unido para tantos años.
Además de estos factores culturales, cabe destacar otra serie de factores que nos inmovilizan y por los que tenemos miedo al cambio. Estos factores pueden deberse a seguridad, hábitos o rutinas, temor a lo desconocido, procesamiento selectivo de la información y factores económicos.

El progreso es una bonita palabra, pero el cambio es su motivador, y el cambio tiene sus enemigos (Robert Kennedy).

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Pero no siempre tenemos miedo a los cambios. Por ejemplo, no se ve mucha gente que vaya aún a pié a todas partes o en coche de caballos, la irrupción de los vehículos a motor se ha aceptado y forma parte de nuestras vidas, hasta tal punto que no es concebible sin ellos. Igual pasa con la informática, internet y teléfonos móviles, por ejemplo.
Pero lo más grave es que no nos damos cuenta que nuestra vida está llena de cambios, que nada es igual. Desde que somos niños hasta que somos padres por primera vez hay una gran diferencia, es más, desde el mismo momento en que nace nuestro primer hij@ sufrimos un cambio brusco al que rápidamente nos adaptamos y sabemos que estamos dispuestos a dar la vida por ese pequeño ser. Sentimos amor por el cambio.
¿Por qué no llevar este sentimiento a otras situaciones de cambio? ¿Por qué no molestarnos más en buscar las partes positivas del cambio que las que nos espantan de él? ¿Por qué no pelear por mejorar las deficiencias de ese cambio para que sea el mejor posible?

En la vida hay tres cosas constantes: El Cambio, La Elección y Los Principios (Stephen Covey).

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Si sabemos que el cambio es una constante en nuestra vida, ¿no es absurdo tenerle miedo?
Nuestra falsa visión de que nuestra zona de confort es segura haciendo lo que hacemos, nos hace permanecer en una actitud de conformismo total. Nos sentimos seguro porque si seguimos haciendo lo mismo que siempre todo estará bien, sin ser conscientes que existen factores externos que no están de nuestra mano y puede derrumbar nuestra “segura fortaleza”. Cuando este fatídico desenlace tiene lugar, nos sentimos totalmente perdidos.

La inteligencia es la habilidad para adaptarse al cambio (Stephen Hawking).

De "Zonas de Confort" y miedos al cambio
Pero si damos un paso adelante y nos adentramos en nuestra Zona de Miedo y nos atrevemos a intentar vencer nuestros temores cuidadosamente, sentimos en un primer momento que no podemos llegar a cumplir nuestros objetivos, para colmo nos afectan más que nunca las opiniones pesimistas de los demás.
Cuando este paso es valiente y decidido, llegamos a la Zona de Pánico, que también podemos llamar Zona de Aprendizaje, que es en la que vemos nuestros miedos a la cara. Pero también es la más enriquecedora porque al enfrentarnos a la realidad, los desafíos o los problema, sale lo mejor de nosotros y somos capaces de adquirir nuevas y mejores habilidades, ampliando de esta forma nuestra zona de confort. Conseguimos construir una nueva versión de nosotros mismos, aprendiendo de los éxitos y fracasos que hemos cosechado en el camino.
Al superar los retos que nos plantean en las distintas parcelas de nuestra vida, conseguimos superar nuestros miedos y llegamos a ser más hábiles y competentes.
Ojalá pronto vea esta actitud en la sociedad onubense.

Cuando no se puede lograr lo que se quiere, mejor cambiar (Pablo Terencio Africano).

 

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